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Notah Begay III: sangre indígena, corazón grande

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La singularidad de Notah Begay III está en su sangre: es el único jugador del PGA Tour de origen ciento por ciento nativo de los Estados Unidos. Esa característica fue un sello dentro su cambiante carrera, en la que pasó de ser una promisoria estrella a una persona volcada a fines solidarios. En cualquiera de los dos casos, se ganó el respeto y la admiración en el mundo del golf. 

Tan propenso a catalogar a sus jugadores miembros según sus actuaciones, el PGA Tour nombró a Begay III como "El Novato del Año" en 1999, luego de que sorprendiera con dos triunfos en su temporada inaugural y se lo comparara con los inicios de Tiger Woods en el profesionalismo. Al año siguiente sumó otros dos títulos, en una trayectoria que parecía destinada a brillar. Pero una lesión de columna en 2001 lo dejó fuera de los primeros planos súbitamente. Así y todo, tiempo después logró darle un nuevo significado a su papel de golfista a través de su fundación.  

Fue el mayor de dos hermanos varones y nació en una pequeña casa de ladrillo sin agua caliente en la reserva de Isleta Pueblo, al sur de Albuquerque. Su padre, Notah Jr, era oriundo de Navajo, el área estadounidense con mayor cantidad de indígenas. Su madre, Laura Ansera, había nacido en Isleta Pueblo. Y Notah III fue criado en medio de esas ancestrales tradiciones.  

En 1864, su tatarabuela había sido uno de los 8000 navajos despojados de su lengua y su cultura por el gobierno de los Estados Unidos; la mujer marchó a punta de pistola durante 300 millas por el desierto de Arizona hasta Fort Sumner, en New Mexico. En 1941, su abuelo, el original Notah Begay, fue uno de los 375 navajos que colaboraron con el gobierno norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial. Aquellos valientes utilizaron su lengua tribal para transmitir información secreta, que sirvió para desorientar al ejército japonés. La película "Windtalkers" (Nicolas Cage, 2002) refleja esta arista del conflicto. Al margen de aquel film, Begay III cree que Hollywood no ayudó en lo más mínimo a derribar los prejuicios que recayeron sobre los aborígenes norteamericanos. "El cine retrató a mi gente bajo un prisma negativo, como ignorantes, borrachos o villanos, y la mayoría basa sus opiniones acerca de uno según estos estereotipos. Suele pensarse que los nativos americanos usamos plumas y danzamos alrededor del fuego, tocando el tambor".  

Para este corpulento hombre de 37 años y tez morena, convivir con sus raíces siempre fue un tema delicado: "Durante toda mi vida tuve que reprimir quién era yo y de dónde venía. Me veía obligado a tratar de encajar en la sociedad, algo de lo que no me avergüenzo. Evidentemente no era abierto como lo soy ahora, que me propuse educar a los jóvenes".  

El divorcio de sus padres cuando tenía seis años de edad significó un punto de inflexión. Se mudó con su papá a un barrio de clase media al lado del campo de golf de Ladera, en Albuquerque, y se encariñó con este deporte. Ingresó becado a la Academia de esa ciudad y a los 17 años ya se había convertido en el mejor golfista junior del país. Sus calificaciones en la clase eran impresionantes, por lo que en 1990 logró una beca deportiva en la prestigiosa Universidad de Stanford. Allí conoció a un joven Tiger Woods de 19 años, con quien fue compañero de habitación, flirteó con las mismas chicas y jugó en el mismo equipo de la Walker Cup en 1995. "Notah es como mi hermano", jura el Nº 1 del mundo. Pero Begay III siempre supo que ambos transitaban mundos diferentes. "Ganar 14 majors, como Tiger, nunca estuvo en mis planes. Mi única meta era llegar al tour y obtener algunos torneos", dice.  

El milagro se produjo en 1999, con la conquista de sus dos primeros títulos en el PGA Tour. A fines de ese año fue honrado por su ciudad natal con un "Notah Begay Day"; fue cuando los líderes comunitarios y miembros de las tribus vecinas se reunieron en el Campo de Ladera Club para homenajearlo.  

En la temporada siguiente se impuso en otros dos torneos, en Memphis y en Hartford, su cuenta bancaria superó los 3 millones de dólares y culminó en el puesto 18° del ranking mundial, pero desde entonces se transformó en una sombra. "Me lesioné en la pretemporada de 2001; sufrí un pequeño desgarro en el revestimiento exterior del disco y las cosas empeoraron. Si estaba recostado con la espalda apoyada, no podía levantar la pierna derecha", relata.  

Con la dolencia sufrió depresión y se volvió antisocial. Lo normal para él durante muchos años fue fallar los cortes clasificatorios. En su lucha por recobrar su razón de ser como persona, una mudanza a Dallas, más el casamiento con Apryl en 2005 y el nacimiento de su hija lo liberaron de aquel espiral de pesadilla. A falta de buenos rendimientos en el tour se entusiasmó con la creación de una fundación que llevó su nombre y que estableció en Bernalillo, New Mexico. La Notah Begay III Foundation, costeada con su propio dinero, apunta básicamente a promover la salud y el bienestar de la juventud nativa norteamericana a través de dos amplios programas de fútbol y golf.  

"Hay mucho más por hacer", reconoce Notah acerca de las 562 tribus de norteamericanos nativos desparramadas en distintas reservas de su país. En ellas, el índice de suicidios es tres veces mayor que el promedio de todo el territorio estadounidense, el abandono de la escuela secundaria representa el doble y las muertes por alcoholismo se multiplican por siete, siempre según el promedio nacional. "Sé que nunca volveré a ser aquel jugador de hace una década, pero no estoy resentido. Nuestras vidas se desarrollan de una manera particular y tenemos que abrazar las partes buenas y aceptar los desafíos", comenta Notah, con el mandato que le dicta su sangre. 

 

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